Las flores de infancia de los seguidores

Cuando mi amiga Marifé me dijo que ella a la “Anchusa azúrea” la llamaba “azulete” pensé que sería bonito dedicar una entrada a las plantas de infancia de los seguidores  y a los nombres “vulgares” con las que las denominaban.

Las de Marifé en Segovia

Mi amiga Marifé me envía un enorme listado que indica no sólo su afición por las flores sino sus amplios conocimientos.

Esto es lo que dice ella y el listado que me envía así como una selección de imágenes que ha buscado para identificar a algunas que recuerda y de las que ignoraba el nombre.

Siempre he estado muy pendiente de todas las flores que había a mi alrededor. Y siempre llevaba ramos a casa. Desde que era adolescente llevaba conmigo una navaja para cortar las difíciles y para procurar no dañar a las plantas.

  • Amapolas
  • Malvas (comíamos sus frutos “panetes”)
  • Margaritas
  • Chiribitas
  • Violetas
  • Peonias blancas y rosas
  • Cantueso
  • Espliego
  • Hinojo
  • Brezo
  • Jara
  • Azafrán silvestre
  • Lirios silvestres
  • Poleo
  • Lino azul
  • Campanillas
  • Diente de león
  • Girasol
  • Plumeros
  • Cardo borriquero
  • Cardo mariano
  • Pan y queso (de las acacias)(yo la llamaba “pan y quesillo”)
  • Las de las retamas (a quienes llamábamos escobas porque con ellas se hacían escobas para barrer en el campo)
  • Rosas silvestres (del escaramujo)
  • Las del majuelo (espino albar). También comíamos las majoletas
  • Las del endrino. También comíamos las endrinas o andrinicas
  • Las del almendro
  • Aciano (lo llamábamos clavelitos)

También me mencionó algunas más como campanillas, cazueletas, clavelitos, muelas, zapatitos del Niño Jesús,.

Una selección de fotos a las que no sabía ponerles nombre

  • Muscari
  • Achicoria (de su raíz se extrae el extracto de achicoria)
  • Centáurea aciano
  • Margaritas (es la Bellis perennis)
  • Botón de oro (bajo las que nacen las criadillas de tierra)
  • Campanillas
  • Cardo amarillo
  • Centaura amarilla
  • Cerraja
  • Cuernecillo
  • Dedalera
  • Gordolobo
  • Hisopo
  • Merendera (yo la llamo comemeriendas)

Las de Francesca en Aranjuez

Me encanta como cada persona le ha dado su toque personal. En este relato de mi amiga Francesca vemos como se retrotae a la infancia y cómo evoca cada rincón de la casa familiar.

De mi infancia recuerdo el patio de la casa familiar, que mis padres cuidaban con cariño y dedicación en sus ratos libres. Allí crecían los narcisos, las margaritas de distintos colores y los rosales. Mi madre siempre decoraba la casa con ramos preparados por ella con estas flores. Cada rincón cobraba vida con ellos: el verde de la hiedra sobre la mesa del comedor, las rosas en el recibidor, las margaritas en mi dormitorio. El alféizar de las ventanas estaba cubierto de macetas con geranios. Me encantaba su olor.  Además de las flores, recuerdo un cerezo, cuyas ramas rozaban la alcoba de mis padres, un nogal, una higuera, un árbol del paraíso, y una parra de uva blanca. Cada año disfrutábamos con sus frutos. Ahora se sumó una palmera preciosa. 

Frente a la casa, un descampado repleto de amapolas en primavera, con las que me entretenía confeccionando collares y guirnaldas.
Recuerdo, asimismo, los recorridos diarios al colegio, por las avenidas que tanto me gustaban y me siguen gustando, a la sombra de los plátanos, o los paseos cubiertos de hojas como alfombras, en otoño. Y los juncos del río… ¡Tantos recuerdos!
Las de mi hermana Pilar en Córdoba
Es curioso como siendo hermanas, evocamos los recuerdos de forma diferente. No recuerdo haber visto adelfas en mi infancia. Hay que tener en cuenta, no obstante, que soy cinco años menor que ella.Ya había hablado de las biznagas malagueñas en el blog pero ignoraba que en Montoro, el pueblo de mi padre, donde vivimos a caballo entre Córdoba y del que ya he hablado en varias ocasiones en el blog, se tuviera la misma costumbre.
De mi primera infancia tengo un recuerdo especial de las adelfas y del jazmín. Con éste preparaban en Montoro las moñas, ramillete de jazmín con forma redondeada que se usaba, como sabes, como adorno en el pelo. En Málaga las llaman biznagas. De las adelfas puedo decir que me atraían tanto que siempre quería coger sus flores, pero luego venía el problema por la urticaria que me salía. Yo no sabía que daban alergia y no me he enterado hasta hace bien poco.
Después, de cuando vivíamos en Córdoba, me entusiasmaban los geranios y las gitanillas. Pasar por La Calle de las Flores cuando íbamos al colegio era siempre una delicia y no te digo, atravesar el Patio de los Naranjos cuando éstos estaban en flor. Así que tengo que añadir la flor de azahar por su aroma tan peculiar.

 

Las de mi amiga Pilar en Madrid

Recuerdo las rosas, que me gustaban mucho y sobre todo su olor. También me encantaba el olor de las lilas, que nos llevaba a casa la novia de mi hermano, la alemana, a ella le gustaban mucho y siempre las compraba. Los geranios que tenía mi madre y los claveles.

 

Las de Felipe en Málaga

Los jazmines, la dama de noche, la bouganvilla, las rosas y las azucenas.

Muchísimas gracias a todos los que os habéis implicado en el juego. Espero poder ir añadiendo otras muchas flores y  más recuerdos.

 

Las flores de Almudena

Almudena es amiga de Dolores, una de nuestras seguidoras y nos aporta este bello relato de los recuerdos de infancia.

De todas las flores, hay dos que,de forma especial, son significativas para mí.
Son las del almendro y la pequeña florecita del olivo.
Yo nací en marzo  y la flor del almendro siempre estuvo presente en mi infancia. Siempre había una ramita de esta flor que mi padre me traía del campo…Con él recibí las mejores clases de naturales. Entre ellas, la clase de los injertos y como plantaba sus primeros almendros entre  nuestras olivas. La ilusión de la recogida de sus primeros frutos y  como me enseñaba a separar la parte verde de la cáscara.También el arte de partir el almendro para sacar el fruto y no “pillarte”el dedo…
Mi madre, mano a mano con él y ¡que bien olían esas almendras asadas en el horno de leña o en el horno de gas, qué ricas!.
Hasta, en una ocasión llegaron a hacer turrón.
Y qué riquísimo ese pollo a la pepitoria que hacía mi madre con sus almendras molidas. Qué toque más especial. Un toque único, cuyo ingrediente principal era el amor y la ilusión con lo que lo hacía. La verdad es que nunca pusimos pegas. Ahora, todavía lo intento hacer como ella porque mis hijos me lo piden : “Mamá haz el pollo a la pepitoria, como abuela”.
En fin, aquella cocina, todos alrededor de la mesa camilla que estaba llena de potingues para preparar esas almendras de cosecha propia, recogidas  por mi padre y listas para ser asadas o molidas para el pollo en pepitoria de mi madre o ese turrón de Jijona con estilo propio….
Olores y sabores llenos de color..

Otra clase de naturales “in situ” recibida por mi padre : “Mira,me decía, todas estas florecitas se convertirán en aceitunas, si no hiela, claro”.
Con él aprendí el arte de despimpollarlas, el arte del arado y el arte de cortar las ramas que no servían porque impedirían crecer con fuerza al resto de la oliva y a que la aceituna no engordara. Vamos, un mundo lleno de metáforas aplicables a la VIDA misma.
Otra clase de naturaleza fue el aprender que los mejores dediles para no partirte las uñas o coger más aceitunas en la varea, también te los ofrecía la naturaleza…eran las bellotas. Otro arte aprendido era partir la bellota y vaciarla para convertirla en un resistente dedal… bueno, en resistentes dedales.
Y no digamos del arte de la criba….como volaban las aceitunas con los terrones de arena y las hojas, para luego volver ellas solas a la criba, ya sin la tierra y sin las hojas.
Como recuerdo a la blanquita pecosita, una mula que nos servía altruístamente a llevar los sacos de aceitunas y a aquel burrito negro que nos llevaba hasta el olivar como si del mejor coche se tratara….y que ricos esos chorizitos asados en la lumbre que mi padre encendía para calentarnos……y qué arte el de varear la oliva, el barrido de las aceitunas caídas al suelo y el rebusqueo….. claro, así olían esas comidas, hechas con ese aceite de oliva tan puro y con tanto arte, cuyo ingrediente principal era de nuevo el amor de mi madre.

Otras flores, plantas y arboles frutales que recuerda Almudena

  • calas
  • morera
  • ciruelo
  • melocotonero
  • girasoles
  • maiz
  • verdolaga
  • hortensias
  • cardos

 

Las flores de Dolores

¡Qué bien que se ha animado Dolores a contarnos sus recuerdos y las flores asociadas a ellos!.

Flores, infancia… recuerdo con mucho cariño el patio de mis abuelos maternos con su enorme y hermoso rosal de rosas de color rosa. Qué bien olían!!
El patio estaba repleto de geranios, claveles y begonias en macetas de barro y también en botes de hojalata. En aquel tiempo se aprovechaba todo.
Los tiestos eran un tesoro que había que cuidar : regar, retirar las hojas y flores secas y cambiar de sitio para que el sol implacable de julio y agosto no abrasara las hojas y las flores, sobretodo de las begonias.
Mención especial merecen las calas... siempre a resguardo del sol y un poco también de los niños. 
Con mi padre relaciono las amapolas que crecían en los campos de trigo y cebada, los humildes rabanillos amarillos (desconozco el nombre científico), las margaritas silvestres, unas florecillas azules de una planta algo pegajosa y los castillitos en el aire, nombre vulgar de unas florecillas rosas que parecían farolillos.
Todas esas flores y algunas más me llevan a aquellos maravillosos años de la despreocupada y feliz infancia.

 

Mis flores y plantas de infancia en Córdoba y primeros años de Madrid

Habiendo vivido en una ciudad entre naranjos y olivos es imposible no recordar el olor del azahar  de sus flores y el del aceite derivado del procesamiento de la aceituna. No recuerdo, sin embargo, tener fijadas unas flores en particular. Las Antirhrinum, llamadas familiarmente “conejitos” supongo que nos han llamado la atención a todos los niños por su forma tan peculiar. Alguna personas las han venido llamando “zapatitos” como Marifé y Francesca.

Dediqué en su día varias entradas a evocar la infancia y sus árboles y flores más significativos y en la que destaco especialmente las palmeras cargadas de dátiles tanto en el Paseo de la Victoria como en el patio del colegio. Recuerdo, asimismo, el palodú que vendía en un carrito el hombrecillo en los recreos del colegio.

https://creciendoentreflores.wordpress.com/2015/12/25/donde-estan-los-arboles-y-plantas-de-mi-infancia/

Recuerdo también el “pan y quesillo” de las acacias y una imagen que quedó impregnada en mí de los juncos del jardín de la primera casa de Madrid ya que esa planta era la que usábamos para hacer un corte suave en el brazo y hacerse hermano de sangre. Yo me hice hermana de sangre de Martina mi primera amiga de la gran ciudad.

Hay algunas otras como la morera cuyas hojas eran el alimento de los gusanos de seda. La lantana en el parque de Conil de la Frontera (Cádiz) donde pasé mis veranos de infancia de pequeña y de la que ya hablé.

https://creciendoentreflores.wordpress.com/2015/08/03/aires-del-sur-chumberas-lantanas-y-pinos-pinoneros/

Los gladiolos

https://creciendoentreflores.wordpress.com/2016/01/09/gladiolos-mis-primeras-flores/

Os añado este regalo “The mistery of your gift”por Josh Groban

Continuarà….

MªÁngeles Pozuelo

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