Once años sin mi madre

Han pasado once años y parece que fue ayer y que aún la siento como si estuviera al lado. Me llega su calidez, su olor a ella y la veo sonreír por todas partes con esa bondad y alegría que le caracterizaba. Ya he hablado de mi madre a lo largo de unas cuantas entradas del blog. He hecho referencia a ella, entre otras, en :

  • mis orígenes
  • las flores que le gustaba cultivar
  • la batalla de flores de Valencia
  • el chal de mi madre

La foto inferior pertenece a unos días de un verano que pasó conmigo en la casa de mi hermano en la Dehesa de Campoamor (Alicante). Detrás nos guarda ese majestuoso ficus elástica, de esos que allí alcanzan grandes dimensiones. Esta foto me acompaña diariamente en mi mesa de trabajo. Le tengo especial cariño porque en ella me parezco físicamente a ella, algo de lo que me siento muy orgullosa.

Aunque en esta foto mi madre lleva vestido de rayas, también lució vestidos floreados, de lunares y de colores vivos y alegres.Si dispongo de fotos más adelante las colgaré.

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La segunda foto corresponde a su último cumpleaños de Marzo de 2005 que celebró  en compañía de mi hermano y cuñada. Cumplió 87 años y cumplió  su gran sueño de pisar Tierra Santa. El chal de flores rameadas fue un regalo mío que volvió a mí tras su muerte. De este chal ya hablé en

https://creciendoentreflores.wordpress.com/2015/12/27/chales-floreados-el-chal-de-mi-madre/

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Un libro que recomiendo y con el que me he sentido identificada : “Con mi madre” de Soledad Puértolas y que ya comentara en la entrada que dediqué a este vínculo tan especial que es el de madres e hijas

https://creciendoentreflores.wordpress.com/2016/02/13/madres-e-hijas-entre-flores-2/

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Éste es un libro autobiográfico que se inicia cuando en enero de 1999 fallece la madre de la autora que, para no sentirse desbordada por el dolor, ha escrito sobre su madre, sobre lo que para ella ha significado su vida y su muerte, sobre los recuerdos de toda una vida: Zaragoza, Madrid, la infancia, los veranos, las cartas, las llamadas telefónicas& Según palabras de la propia autora, con este libro «busco verdad y consuelo, busco poder vivir con la ausencia de mi madre& Vivir tratando de lograr que el respeto y el amor se impongan sobre la añoranza y el dolor». Una obra hermosa y emocionante.

http://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/con-mi-madre/9788433924827/NH_311

Madres e hijos
Una de las claves de la novela son las relaciones madre-hijo… quizá porque la muerte de la suya fue un golpe. Ahora confiesa que una tragedia así te llena de preguntas. Una de ellas es hasta qué punto la has conocido, qué te ha mostrado a ti, qué les has mostrado tú. Lo miras todo de otra manera, ya sabes que hay cosas ocultas que jamás podrás manejar y que quizá sea mejor así. Ves más espacios sin llenar, más complejidad. Cambia tu relación con los demás. Sobre todo, con las personas más próximas. En todo caso, actuamos como reacción a lo que hemos vivido. Supongo que en algunas cosas actúo de forma muy distinta, si no opuesta, a como lo hacía mi madre. Pero es curioso ver lo mucho que en definitiva hemos necesitado heredar. De pronto, te encuentras reproduciendo un comportamiento de tu madre y te sorprendes…

http://www.elcultural.com/revista/letras/Soledad-Puertolas/11971

Con mi madre es un libro autobiográfico, un homenaje literario a una persona cuya desaparición me causó un profundo dolor.

http://elpais.com/diario/2001/05/05/cultura/989013605_850215.html

http://labibliodelvasco.blogspot.com.es/2013/12/soledad-puertolas-con-mi-madre.html

 

No quiero cerrar esta entrada sin algunos matices. Mi madre sin mi padre y mis otros cinco hermanos y sus treinta nietos no sería mi madre. No incluyo fotos de algunos hermanos (a la mayor ya le dediqué una entrada con su autorización) porque se que no les gusta mucho la exhibición en estos medios pero todos están presentes y esto que escribo es como si lo escribiéramos los seis.

 

Colaboraciones

Me envía Felipe Vila, amigo y seguidor esta carta que escribiera a su madre.

CARTA A MI MADRE, QUE ESTA EN EL MÁS ALLA

Isabel has muerto el 16 de Mayo de 1990. Has sido una mujer muy importante en mi vida. Has sido mi madre.

Me cuesta trabajo remontarme a los primeros sentimientos conscientes de cariño. Y sólo con intentarlo siento una enorme picazón en los ojos, acompañado de una insólita sensación de desamparo. Como si, con cuarenta y cinco años, aún fuera un niño.

La más clara enseñanza que me has dado a lo largo de tu vida ha sido la de que si que hay alguien en que se puede confiar por completo. Nunca me has fallado. Nunca, aparte de mis pequeñas o grandes pataletas de adolescente inconsecuente, he podido reprocharte nada en tu comportamiento para conmigo.

En mi infancia he encontrado en ti el refugio. En la madurez el ejemplo.

Tu, con mil situaciones comprometidas, me enseñaste la serenidad. Yo la he aprendido a medias.

No puedo recordar de ti una mala palabra hacia nadie. Quien te hizo mal recibió mi odio, pero tu no lo alentaste nunca.

Tu capacidad para sufrir con resignación, pero con valentía, ha sido una lección magistral de comportamiento en la vida. Tengo que decir que siempre te he visto hacer cara a los problemas y nunca mal a nadie.

Dedicaste tu vida a tus hijos con una intensidad y un amor que he visto pocas veces a lo largo de mi vida. Para ti el sacrificarte por tus hijos ha sido una forma casi instintiva de comportamiento.

No me ciega el amor, sé que tu has tenido tus limitaciones humanas, fundamentalmente educacionales, pero no he visto a nadie como tu, en cuanto a tenacidad y entrega para sus hijos. ¡Ojalá yo pueda hacer algo parecido!

Gracias a ti, tengo un nuevo concepto de inmortalidad. Tal vez la inmortalidad del alma es la perpetuación de lo que nos han enseñado a lo largo de nuestras vidas. Por ello pienso que estás viva. Viva en el cariño que siento hacia mis hijas. Viva en cada sentimiento noble que logro entresacar de mi vida. Viva en cada intenso recuerdo de cada faceta de mi existencia.

Ya sé que no tengo que esperar para estar contigo. Ya estoy contigo cuando logro recordar tu bondad o cuando la veo reflejada en el comportamiento de los que me rodean.

Esta noche, cuando bese a mis hijas para que se acuesten, te daré un beso, mamá. Espero que, a lo largo de mi vida, llegue a hacer una parte del bien que tu repartiste entre los que tuvimos la suerte de convivir contigo.

Si otros seguidores quieren compartir sus reflexiones, pensamientos, cartas o escritos, serán bien recibidas y enriquecerán el blog.

MªÁngeles Pozuelo

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4 thoughts on “Once años sin mi madre

  1. Qué bonito Txiki…..comparto contigo ese cariño y complicidad que se tiene con las madres, qué dura resulta su partida y como su recuerdo nos acompaña siempre.

    Un beso MARIAN ________________________________

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  2. Gracias, Marian. Tu también sabes de eso. Siempre recuerdo a mi madre recordando a la suya y no supe lo que ello significaba hasta que yo la perdí a ella. Me encantaría poder decírle ahora cómo la entiendo y cómo se repite la historia. No tuve la suerte de conocer a mis abuelos. ¡Cuánto me hubiera gustado poder coincidir las tres generaciones juntas!.

    ¡Cuánto me alegra verte asomada aquí. Te deseo un Otoño sereno.

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