Flores con sentido : Josefina y el amor por las hortensias

A raíz de haber creado este blog me llevo preguntando el papel que las flores juegan en nuestra vida y el por qué las encontramos por donde quiera que vamos.

Como decía una de mis sobrinas, Jimena, el tema es ilimitado y este blog da mucho juego. Creo que hay infinidad de flores y de enfoques que mostrar.

En esta ocasión le voy a dedicar a esta casa rural, un espacio especial porque me quedé prendada de ella. No será por casualidad que se llama Josephine y nos saluda con este ramo de hortensias. Mi madre se llamaba Josefina y eran las hortensias sus flores favoritas.

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Glicinias

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casa josephne

Me parece tan acertado este texto de Juan Ramón Jiménez que nos dejó mi amigo Manuel  Benitez en su comentario que lo he subido a la Entrada por si alguien no lo lee en el comentario

EL JARDINERO SEVILLANO

“En Sevilla, Triana, y en un bello huerto sobre el Guadalquivir, calle del Ruiseñor, además (y parece demasiado, pero estas coincidencias son el pueblo auténtico). Desde el patio se veía ponerse el sol contra la Catedral y la Giralda, términos rosafuego entre el verde oscuro. El hortelano jardinero, hombrote fino, vendía plantas y flores que cuidaba en su mirador con esmero esquisito. Quería a cada planta y cada flor como si fuesen mujeres o niños delicados, y aquello era una familia de hojas y flores. Y ¡le costaba tanto venderlas, dejarlas ir, deshacerse de ellas! Este conflicto espiritual (los tenía a diario) fue por una maceta de hortensias.

Vinieron a comprársela, y él, después de pensarlo y dudarlo mucho, quedó comprometido en el trato. La vendía, pero a condición, impuesta por él, de vijilarla. Y se llevaron la hortensia. Durante unos días el jardinero estuvo yendo a verla a la casa de sus nuevos dueños. Le quitaba lo seco, la regaba, le ponía o le sacaba una poquita de tierra, le arreglaba las cañas. Antes de irse estaba un rato dando instrucciones para su cuido: “Que debe regarse así o no asá; que el sol no tiene que darle sino de este modo; que mucho cuidado, señora, con el relente; que lo de más acá, más allá.”

Los dueños se iban ya cansando de sus visitas. (“Bueno, bueno, no sea usted pesado. Hasta el mes que viene, etcétera”), y ya el jardinero iba menos, es decir, iba lo mismo, pero no entraba. Pasaba por la calle y veía la hortensia por la cancela. O entraba rápidamente, pasando su vergüenza, con un pretesto: “Aquí traigo esta jeringuilla que me he encontrado, para que la rieguen ustedes mejor”, o “que se me había olvidado este alambrito”, o lo otro. Y con estas disculpas se acercaba a “su” hortensia.

En fin, un día llegó nuevo y decidido: “Si ustedes no quieren que yo venga a cuidarla, me dicen ustedes lo que les doy por ella, porque yo me la llevo a mi casa ahora mismo.” Y cojió entre sus brazos el macetón añil con la hortensia rosa y, como si hubiese sido una muchacha, se la llevó”.

Juan Ramón Jiménez

 

MªÁngeles Pozuelo

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7 thoughts on “Flores con sentido : Josefina y el amor por las hortensias

  1. [Del amor por las hortensias. Uno de los tres ejemplos de “trabajo gustoso” que puso JRJ en su lejana conferencia. Lo recordarás.]

    EL JARDINERO SEVILLANO

    En Sevilla, Triana, y en un bello huerto sobre el Guadalquivir, calle del Ruiseñor, además (y parece demasiado, pero estas coincidencias son el pueblo auténtico). Desde el patio se veía ponerse el sol contra la Catedral y la Giralda, términos rosafuego entre el verde oscuro. El hortelano jardinero, hombrote fino, vendía plantas y flores que cuidaba en su mirador con esmero esquisito. Quería a cada planta y cada flor como si fuesen mujeres o niños delicados, y aquello era una familia de hojas y flores. Y ¡le costaba tanto venderlas, dejarlas ir, deshacerse de ellas! Este conflicto espiritual (los tenía a diario) fue por una maceta de hortensias.

    Vinieron a comprársela, y él, después de pensarlo y dudarlo mucho, quedó comprometido en el trato. La vendía, pero a condición, impuesta por él, de vijilarla. Y se llevaron la hortensia. Durante unos días el jardinero estuvo yendo a verla a la casa de sus nuevos dueños. Le quitaba lo seco, la regaba, le ponía o le sacaba una poquita de tierra, le arreglaba las cañas. Antes de irse estaba un rato dando instrucciones para su cuido: “Que debe regarse así o no asá; que el sol no tiene que darle sino de este modo; que mucho cuidado, señora, con el relente; que lo de más acá, más allá.”

    Los dueños se iban ya cansando de sus visitas. (“Bueno, bueno, no sea usted pesado. Hasta el mes que viene, etcétera”), y ya el jardinero iba menos, es decir, iba lo mismo, pero no entraba. Pasaba por la calle y veía la hortensia por la cancela. O entraba rápidamente, pasando su vergüenza, con un pretesto: “Aquí traigo esta jeringuilla que me he encontrado, para que la rieguen ustedes mejor”, o “que se me había olvidado este alambrito”, o lo otro. Y con estas disculpas se acercaba a “su” hortensia.

    En fin, un día llegó nuevo y decidido: “Si ustedes no quieren que yo venga a cuidarla, me dicen ustedes lo que les doy por ella, porque yo me la llevo a mi casa ahora mismo.” Y cojió entre sus brazos el macetón añil con la hortensia rosa y, como si hubiese sido una muchacha, se la llevó.

    Juan Ramón Jiménez
    Guerra en España. Seix Barral, 1985
    POLÍTICA POÉTICA. EL TRABAJO GUSTOSO. (Conferencia)

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  2. ¡Precioso! Siempre encuentras el texto justo. Ya lo creo que recuerdo que me diste a conocer “Del trabajo gustoso” de Juan Ramón Jiménez y del que hice uso de algunos párrafos en mi otro blog.

    Gracias, Manuel, por estar ahí atento. te agradecería que me enviases todos los textos que creas pueden enriquecer este blog.

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  3. Muy acertado el texto de Juan Ramón Jiménez.

    Yo también soy una enamorada de las hortensias. De hecho, el ornamento de la iglesia en la boda de dos de mis hijos fue a base de hortensias blancas.

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  4. Y menudas hortensias secadas tan bonitas tienes en tu casa. A ver si te animas y nos mandas unas fotos.Si tienes también fotos de esas hortensias de las bodas, me les envías.

    Yo descubría algunos textos de Juan Ramón hace un par de años de la mano de Manuel Benitez que, como buen profesor de literatura que fue, sabe entresacar con acierto el texto que siempre precisamos en un momento.

    Me gusta que compartas conmigo lo que hago.Tu, como yo y como hermanas que somos, creciste también entre flores.

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  5. Las hortensias secas me las trajeron el año pasado y como pudiste observar las hay de muchos colores.La pena es que éstas sustituyan a las que tenía de mamá. Al final, después de tantos años, tuve que deshacerme de ellas porque era difícil quitarles el polvo sin que se rompieran. De todos modos siempre me traerán su recuerdo entrañable.
    Por cierto, no sé si tendrás alguna foto de las hortensias de invierno que tenía nuestra madre en la terraza. Se le daban muy bien. Yo intenté trasplantarlas a mi jardinera de la entrada pero no conseguí que florecieran. Ahora tengo una trasplantada del jardín de Jimena, a ver si esta vez tengo más suerte.

    Intentaré sacar fotos y te las envío.

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  6. Siempre volvemos a la infancia, a nuestras raíces. Nuestra madre está presente en todo y en todos. Parece mentira que ya llevemos 10 años sin ella ¡Lástima que no tenga fotos de sus hortensias. A tí, como a mí,se nos quedó ese término de “hortensia de invierno” que, en realidad, no son hortensias sino bergenias pacumbi de la familia de las saxifragáceas.Ya ves, esta planta se da en el Himalaya, en zonas templadas de Cachemira.

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