El Psicólogo que buscaba la serenidad y las lobelias

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Descubrí las lobelias de la mano de Ramon Bayés  cuando leí su libro “El Psicólogo que buscaba la serenidad” cuyo capítulo primero titula “El maravilloso color de las lobelias”

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Ramon Bayes en la montaña leonesa

Fue a partir de la lectura de esta obra suya que yo contacté con Ramon (en catalán no se acentúa) y a partir de ese momento, ya hemos seguido unidos por lecturas. correos y por compartir muchas ideas. Ramon es un hombre que no envejece. Es ya un amigo.

Me llamó mucho la atención una anécdota que el cuenta en su libro.El tenía la intención de titularlo “El Psicólogo que amaba las lobelias al amanecer” pero el editor le sugirió el cambio del nombre porque con ese título no iba a vender ni un ejemplar porque apenas nadie conoce las lobelias por lo que consideró su recomendación y le cambió el título aunque le dedicó un capítulo en el mismo.

Comenta Ramon : “Todavía recuerdo cuando subía a las montañas del Pirineo Aragonés en busca de edelweis. Junto a las lobelias y las violetas, era mi flor preferida”.

Me pasa Ramon un tiempo después esto que Christian Bobin escribiera sobre las lobelias y que gentilmente ha traducido Marian para el blog

Las diferentes regiones del cielo 

Las Lobelias   ( Christian Bobin…….01-11-12 )
Chri
stian Bobin es escritor y poeta.Recientemente ha publicado “El hombre-alegría”(Iconoclaste) y “Un asesino blanco como la nieve”(Gallimard 2011).

Tengo una nueva carta para vosotros… No la he escrito yo, si no el aire, la luz y un ramo de lobelias, ya sabéis, esas flores de la familia de las campánulas, con bonitos reflejos azulados. No esperaba nada esta mañana.Es siempre un buen signo no esperar nada a poco que esta no-espera sea ligera, ágil, feliz. Eso me bastaba para sentirme vivo. La felicidad es una decisión, el ataque a una avanzadilla angélica. He entrado en el cementerio. Hacía bueno. El verano y el otoño respetaban una tregua. Algunos colores rojizos, un poco de fuerte sol…una guerra suspendida en el aire. Mi padre reposaba en este cementerio. En fin, su abrigo de hueso y de estado -civil, su nombre dorado en el costado de una piedra. En realidad, mi padre caminaba a mi lado, invisible, iba conmigo a ver su tumba.Súbitamente me paré delante de otra tumba. Se parecía al libro perfecto. Ese que nadie alcanza a escribir. De pie una cruz, blanca, sobre una losa blanca y, delante de la losa, un centro desbordante de lobelias frescas, acariciadas por una mano de luz. El azul de las flores era de paso sobre la tierra. Nos cruzamos con los milagros a ciegas, sin ver que el mínimo brote de una flor está hecho de miles de galaxias, y que las ramitas de un nido abandonado o la bóveda glaseada de azul del cielo estrellado hablan de la misma maravillosa ausencia. Una mariposa blanca ha revoloteado por entre las lobelias. Sus  alas palpitaban como un corazón enamorado. Finalmente apareció lo más bello, lo que faltaba para hacer de esta tumba una página de escritura radiante de delicadeza: un lagarto. La sombra escurridiza e infantil del dolor. Me puse en cuclillas, le hablé. El lagarto sorprendido ni se movió. Las lobelias escuchaban.
Observaba el pequeño caparazón de cuero, la inquietud que hacía moverse una bola en su garganta, las patas muy planas, abiertas como los dedos de un guante sobre la piedra recalentada de claridad. Esto duró algunos minutos, el tiempo de ver el cielo y sus doctores angélicos desfilar en el intervalo abierto de un lado por mi fascinación y del otro por el sobrecogimiento del lagarto. Ya no se lo que le dije. Lo importante no eran las palabra sino la voz. Conocía a la persona que estaba en esa tumba. No hacía tanto tiempo que le había visto sentado en un sillón, sonriendo con una sonrisa que se expandía en ondas alrededor de su rostro cansado. Así que todos morimos: es un descubrimiento que necesitamos hacer de vez en cuando. Esto no es tan grave. Eso que hay de azul en nosotros remonta el azul del cielo y va más allá. El encanto se deshizo sin drama. Me levanté y el lagarto se fue. Entre las ciudades aturdidas y el absoluto, está la zona baldía de los cementerios. Una fisura entre el tiempo y lo eterno. Los lagartos se deslizan-como hacen el dolor y la esperanza. En cuanto al azul de las lobelias, éste no es de este mundo, ni tampoco del otro. Está entre los dos. No espera nada. Forma parte de las cosas que hacen la vida maravillosa : una sonrisa sin labios, un pasaje secreto, un libro perfecto. (Traducción MªÁngeles Escudero- Marian)

http://www.lemondedesreligions.fr/chroniques/regions/les-lobelies-01-11-2012-2796_164.php

A raíz de que Ramon me hiciera ese descubrimiento, mi marido me regaló unas preciosas lobelias para la ventana de la cocina pero se ve que ese no era el mejor sitio para que ellas crecieran y florecieran y se perdieron. A mí me parece una flor preciosa pero muy delicada.

Esto es lo que escribí en 2013

Una lobelia en la ventana y unos jilgueros en el jardín ( 4 de mayo de 2013)

Me regaló Alfonso, mi marido, un centro de lobelias. Las instalé en en la ventana de la cocina donde disfruto desde que coloqué los maceteros en noviembre.

Merendando en el jardín de la casa del campo se oyen jilgueros y carboneros y, a lo lejos, algún que otro abejaruco.

Hace un día espléndido y reina una paz inmensa que me permite descansar y desconectar.

Encinas, cantuesos, mimosas vecinas y nuestros árboles propios. Mirlos cantores que se preguntan y se responden. Es admirable como cada cual sabe su cometido, lo que tiene que hacer, lo que la naturaleza dispuso y ellos acatan, una vez más, cada estación anual.

El dia 30 de Mayo de 2013 visité La Granja de S. Ildefonso  y cuál fue mi sorpresa al encontrar cientos de lobelias en las inmediaciones del Palacio

http://afrontandolesionmedular.blogspot.com.es/2013/05/dias-de-reflexion.html


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La hilera de color malva son las lobelias

MªÁngeles Pozuelo

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